El reciente y nuevo debate surgido entre los Palmeros de Chacao e INPARQUES, en torno al acceso al Parque Nacional Waraira Repano (El Ávila) y la cuota de extracción de la Palma Real para su uso en Semana Santa, merece una especial reflexión, esta vez desde la perspectiva del silente recurso centro de la polémica.

La palma real, conocida por los expertos como Ceroxylon spp., comprende tres de las 180 especies de palmas autóctonas de nuestro país, características de los bosques húmedos templados de la Cordillera de la Costa, aunque algunas especies pueden encontrarse en la Cordillera Andina de Venezuela y Colombia.

De acuerdo con Jesús Hoyos y August Braun, en su libro las Palmas Tropicales de Venezuela, estas especies habitan entre los 1500 y 2800 metros sobre el nivel del mar y resaltan en la vegetación montana por ser muy altas, esbeltas y solitarias, oscilando entre los 10 y 30 metros de altura.

Dos son las especies más utilizadas en las ceremonias religiosas de las procesiones del “Domingo de Ramos”: Ceroxylon interruptum y C. klopstockia. Ambas se propagan por semillas que germinan luego de 6 a 13 meses, aunque a veces pueden tardan hasta dos años. Pese a que florecen en un lapso de 4 a 5 años, los expertos señalan que pueden tardar de 60 a 80 años para producir la primera inflorescencia que les garantizaría su proceso de reproducción, base de la perpetuación de la especie.

Año a año, INPARQUES destaca la crítica situación y el manejo insustentable de este recurso, que pudiera agudizarse con los incendios forestales durante la temporada seca -originados en el 99% de los casos por causas humanas -, y que poco a poco han ido transformando la vegetación del Parque Nacional en extensas sabanas que pueden observarse desde muchos lugares de nuestra ciudad.

Por su parte, el Alcalde de Chacao alega que se trata de un tema político, y defiende la tradición de los Palmeros, asegurando que es una práctica sustentable.

Y entonces, ¿Quién tiene la razón?. Probablemente ambos.

Por un lado, INPARQUES está cumpliendo con el mandato que le ha sido delegado por Ley para garantizar el cumplimiento de los objetivos de conservación de un Parque Nacional que ha sido creado para salvaguardar su diversidad biológica y los bienes y servicios asociados. Por el otro, el Alcalde trata de mantener una tradición desde la Colonia, aprovechando un recurso que otrora pudo ser abundante, pero que como toda condición natural finita, su abundancia en la actualidad probablemente no sea la misma, con lo cual se pudiera comprometer seriamente sus posibilidades de sobrevivir.

Ahora bien, ¿a que viene todo esto? ¿Cuál es la solución?.

Considero que las tradiciones forman parte fundamental de nuestros valores y por ende deben ser conservados y perpetuados. Sin embargo, resulta imprescindible e impostergable, unir esfuerzos entre todos los actores, donde la Alcaldía e INPARQUES se sienten juntos a evaluar las evidencias científicas y elaborar un plan de manejo sustentable de este recurso, sin perder de vista la figura de Parque Nacional. En ello deberían participar los mejores expertos en este recurso, incluyendo la asistencia técnica de la Fundación Instituto Botánico de Venezuela, las Escuelas de Biología de nuestras universidades, la Dirección de Biodiversidad del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente y del FONACITI del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología, este último que bien pudiera apoyar financieramente el proyecto a largo plazo para evitar los “shows” que se repiten año a año, y que pudieran interpretarse como decisiones caprichosas de una de las partes, cuando en realidad toda moneda tiene dos caras.

En tiempos de cuaresma es importante recordar lo que la misma Biblia establece la condición finita de la naturaleza y sus bondades en el Libro de Eclesiastés en su Capítulo III. “Todas las cosas tienen su tiempo y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó; tiempo de muerte y tiempo de vida, tiempo de derribar y tiempo de edificar”.

Bendita sea la palma bendita, y bendita sea nuestra capacidad para unir en vez de desunir, dialogar en vez de polemizar.

Diego Díaz Martín
Presidente de VITALIS
ddiazmartin@vitalis.net
Twitter: @DDiazMartin

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