Cecilia-G-236x300 Dra. Cecilia Gómez Miliani (*)

Como una situación ideal, todas las plantas deberían ser conservadas en sus ambientes naturales, como poblaciones sujetas a los procesos normales de evolución, particularmente dentro del sistema de áreas protegidas. Esto es lo que se conoce como conservación in situ.

De igual forma, representantes de estas poblaciones deben ser mantenidas fuera de sus ambientes naturales (conservación ex situ), ya sea en bancos de semillas o cultivadas en bancos genéticos de campo, dentro de los jardines botánicos. Estos últimos, a nivel mundial, están desempeñando un papel preponderante en los diversos esfuerzos implementados para frenar la extinción de las especies; igualmente trabajan en la clasificación, conservación, evaluación y uso sostenido del patrimonio genético vegetal.

El Secretariado para la Conservación en Jardines Botánicos, ente que rige las políticas de los jardines botánicos a nivel internacional, los define como “aquella institución que tiene colecciones de plantas, mantenidas y ordenadas científicamente, por lo general documentadas y etiquetadas, abierto al público con propósitos recreativos, culturales, educativos y de investigación”. A ello se suman cinco criterios básicos que deben cumplir las áreas que quieran ser clasificadas como jardines botánicos: Permanencia en el tiempo, mantenimiento de colecciones de plantas con una base científica y con documentación apropiada, monitoreo de las plantas mantenidas en colección, contacto permanente con el público y establecimiento y mantenimiento de comunicación e intercambio de material con otros jardines botánicos, arboretos e instituciones afines.

Según la Estrategia Nacional sobre Diversidad Biológica, en Venezuela existen 16 jardines botánicos ubicados en diversas regiones del país. Sin embargo, a la luz de las características descritas anteriormente pudiéramos decir que no todos esos espacios, denominados oficialmente como jardines botánicos, son tales. Algunos solo existen en papel, solo está el proyecto, la idea o la intención de ser; otros tienen sus espacios amenazados por el urbanismo, siendo víctimas de acciones vandálicas como incendios o robos; la mayoría se limita a tener grupos de plantas que difícilmente pueden llamarse colecciones; muchos ni siquiera están abiertos al público.

En este sentido es importante señalar que los esfuerzos emprendidos por los jardines botánicos hacia la conservación de las especies vegetales implican un compromiso y un trabajo a largo plazo. Las labores de consolidación de las colecciones de plantas, que son el eje primordial de estas instituciones, pueden llevarse más de ocho años; su desaparición, por decisiones desacertadas, es cuestión de meses.

Manejados adecuadamente, bajo criterios técnicos, los jardines botánicos prestan una serie de servicios que van más allá de la “percepción vegetal” que de ellos tenemos: la recarga de los acuíferos que se encuentran en sus alrededores se ve beneficiada, pues las plantas contenidas en estos espacios contribuyen con esta acción; la fauna silvestre urbana consigue un refugio para su desarrollo; en las grandes ciudades, se convierten en verdaderos pulmones verdes, oxigenando el aire contaminado; y para nosotros, son oasis que hacen posible el relax, la meditación, la contemplación y el contacto con lo natural, todo ello necesario en la agitada vida actual.

Esto nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad de prestar atención a la situación actual de nuestros jardines botánicos y al papel que juegan en nuestra sociedad estos espacios subvalorados, desestimados y muchas veces considerados como estorbos para el desarrollo y crecimiento de las ciudades.

 

(*) Directora de VITALIS en Barinas (Venezuela). @cecigomezmi  cgomez@vitalis.net

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