Por Diego Díaz Martín, PhD. @DDiazMartin (*)

Las armas químicas han sido usadas en guerras silenciosas, en las que sustancias tóxicas son liberadas al ambiente para matar. Su creación, al igual que cualquier otro tipo de arma, está ligada al odio, impregnadas de desprecio, intolerancia y xenofobia.

Pese a haber sido prohibidas en 1925, tras su uso en la primera guerra mundial, 189 países se unieron para ratificar la decisión de eliminar su uso a partir de 1997, con la entrada en vigor de la a Convención sobre las Armas Químicas. Este acuerdo multilateral, prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas, y dispone, además, su destrucción.

Lamentablemente, no todos los gobiernos del mundo se alinearon a esta decisión, y aún persisten grupos abominables que las utilizan con premeditación y alevosía, para fines contrarios al derecho a la vida.

Entre las armas químicas más potentes destaca el novichok-5, considerada por algunos especialistas como la sustancia más tóxica. Fue desarrollada en la ex Unión Soviética, y a diferencia de otros agentes gaseosos o líquidos, es un polvillo cuyos efectos conducen a la muerte tras un paro respiratorio o cardíaco.

Otro gas de alta toxicidad es el VX, un compuesto organofosforado que afecta al sistema nervioso, y puede llegar a producir la parálisis total de una persona, hasta matarla. Por su letalidad, es considerado un arma de destrucción masiva.

El gas sarín, por su parte, es un neurotóxico que ataca el sistema nervioso central de los seres humanos, haciendo que los impulsos cerebrales se sobreexciten, por lo que los músculos no se puedan relajar, generando espasmos que terminan con la muerte de la persona por asfixia.

Más toxico que el sarín, es el ciclosarín, un agente sintetizado originalmente durante la segunda guerra mundial por los alemanes para uso militar, extremadamente tóxico para el sistema nervioso humano.

Un pesticida, llamado tabún, es otra de las armas químicas más letales del planeta, produciendo contracciones musculares que conducen al coma de las personas afectadas, hasta producirles la muerte.

Junto con el sarín, el ciclosarín y el tabún, otra sustancia química llamada  somán, forma parte de los agentes nerviosos denominados serie-G. El somán también es altamente tóxico y ataca el sistema nervioso, actuando a una velocidad impresionante, provocando convulsiones y parálisis respiratoria.

Las semillas del ricino también son usadas en la producción de armas químicas. De allí se obtiene un compuesto llamado ricina, que produce grandes fallas del sistema respiratorio humano, provocando náuseas, vómitos, hemorragias internas, deficiencia hepática y el colapso del sistema circulatorio humano.

Finalmente, otra arma muy usada en las guerras silenciosas, es el gas mostaza, que genera en las personas afectadas ampollas y asfixia agónica, dejando lisiadas a la mayoría de las personas que son atacadas con él, pues no siempre produce la muerte.

Los productores de armas químicas han sido Estados Unidos de América, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia y China. Sin embargo, hay quienes aseguran que Israel, Birmania, Corea del Norte, Angola, Sudán del Sur, Egipto y Siria, también pudieran haberlas producido o almacenado.

Al igual que cualquier tipo de armamento, las armas químicas están impregnadas de odio, y deberían ser erradicadas de la faz de la tierra.

 

(*) Biólogo, MSc. en Gerencia Ambiental y Doctor en Ingeniería. Director General para las Américas de VITALIS. @ongvitalis

Imagen cortesía de DailyMail.

 

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